Sí, la mano del dolor nos toca, tarde o temprano, y se hunde en el pecho. Antes contemplábamos la belleza del reflejo de una montaña en el agua y después, esa misma figura se transforma en flecha emplumada y sin piedad.
Pero cómo atraviesa el territorio. Cómo se dirige certera al yo más hondo. De qué manera penetrará si uno desea que le desgarre el pecho. Debe tocarnos para que sintamos nuestra íntima capacidad. Debe sobrevolarnos con su plumaje hermoso. No hay áspid en su punta. Sólo la fuerza del origen y la resistencia que acompaña su vuelo. El dardo es la apuesta en la que confiamos. Lo atraviesa todo antes de llegar a destino. Ahí su sentido.
La foto es una maravilla, y el texto no se queda atrás. Yo, como María Jesús, tampoco pude comentarte porque era como si los comentarios de tu página estuvieran bloqueados o algo... No sé qué ocurría. Me alegra poder saludarte hoy.
Gracias a todos por vuestros comentarios y por vuestra alentadora presencia. A veces, cuando me bloqueo, me encierro. María Jesús, Ramón, ese es el misterio de que no pudierais comentar, simplemente bloqueé la opción. Realmente no sé que más puedo añadir. Os sigo en vuestros blogs.
10 comentarios:
Que hermosura de foto.
Que profundidad de versos: la pena siempre espera, a que acabemos de reir, si es profunda.
(estuve muchos días sin poder comentar, pero leyéndote)
Sí, la mano del dolor nos toca, tarde o temprano, y se hunde en el pecho. Antes contemplábamos la belleza del reflejo de una montaña en el agua y después, esa misma figura se transforma en flecha emplumada y sin piedad.
Y lo decís tan bien, con tan pocas palabras.
Un abrazo muy fuerte.
..me dejé caer hasta tocar fondo, después solo me quedaba emerger, mi cuerpo, mi ser,... flotaba y el aire fresco me inundó, estaba vivo.
Es bien cierto el poema...pues el que decide al final
es el espíritu, a nosotros solos nos queda asentir.
un beso y un fractal abrazo.
Pero cómo atraviesa el territorio. Cómo se dirige certera al yo más hondo.
De qué manera penetrará si uno desea que le desgarre el pecho.
Debe tocarnos para que sintamos nuestra íntima capacidad.
Debe sobrevolarnos con su plumaje hermoso.
No hay áspid en su punta.
Sólo la fuerza del origen y la resistencia que acompaña su vuelo.
El dardo es la apuesta en la que confiamos.
Lo atraviesa todo antes de llegar a destino.
Ahí su sentido.
Malignas flechas envenenadas que nos empozoñan el corazón...
Hermosa flecha, y bonito tu canto a ese dolor, que siempre duele.
Un abrazo
El sentido no estoy del todo claro...culpa del traductor, pero las palabras suenan como que me gusta, como siempre...Baci,Rat.
La foto es una maravilla, y el texto no se queda atrás. Yo, como María Jesús, tampoco pude comentarte porque era como si los comentarios de tu página estuvieran bloqueados o algo... No sé qué ocurría. Me alegra poder saludarte hoy.
Preciosas flechas y fantástico blog. Te leo.
Gracias a todos por vuestros comentarios y por vuestra alentadora presencia.
A veces, cuando me bloqueo, me encierro. María Jesús, Ramón, ese es el misterio de que no pudierais comentar, simplemente bloqueé la opción.
Realmente no sé que más puedo
añadir.
Os sigo en vuestros blogs.
Un abrazo
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