
Hay maneras y maneras.
Hay quien se adentra en el fuego con todo su ser, esperando ser calcinado, deseándolo.
Hay quien lo rodea, lo achucha con ramitas secas, sintiendo el calor que desprende.
Hay quien se aparta y llama a los bomberos.
Hay quien no lo ve ni lo huele.
Hay quien cocina con él.
Hay quien prescinde.
Hay quien lo apaga.
Foto: Robert and Shana ParkeHarrison
6 comentarios:
Querida amiga, a lo largo de mi vida pasé por todas esas opciones (fases) y ya últimamente estoy en la primera: deseando ser calcinado.
Besos.
Juan: Qué bueno haber pasado por todo. Ya encontrarás con quién o con qué calcinarte, pues si no lo encuentras la misma desesperación por desearlo te calcina.
Yo no me movía de la primera fase, pero aprendí a apagarlo y estoy aprendiendo a prescindir. No es mi estado ideal porque yo seguiría en el fuego, cual salamandra mitológica, pero a veces no queda más remedio que salir a respirar. O te mueres de a veras.
Un beso
«El Fuego es el principio de toda vida»
Jacob Boehme, Signatura rerum XIV.29
CaveCanem: Equiliquá! Pero en qué se convierte la vida sin amor a ella?
Hay quien él mismo es fuego y nunca sabe con claridad si su llamear permanente le da vida o le consume lentamente, o ambas cosas.
(Me gusta el discurso de tu ignipoema, Rat)
Ígneamente.
Fackel, igual que un volcán....
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