
preguntas que no rompen el aire,
una fe que mendiga evidencias.
Hay oscuridad.
Hay una presencia que estigmatiza los días,
murmullos cautivos que reclaman deseos,
un hálito reconstituyendo la piel.
Hay relámpagos en la oscuridad.
Foto: Dave Mckean












El Norte era un frío lugar hace años:
el hielo cerraba los corazones de la gente y los envejecía.
El Sur era el origen de tierras placenteras, pero secas:
anduve por las profundidades de las aguas y ejercité la mente.
El Este era el amanecer, naciendo bajo el sol dorado:
los vientos llegaban suavemente, varias cabezas se hacían
una en verano, aunque lo agosteros se reían...
vivíamos en paz, contentos.
Caminábamos juntos, a veces cogidos de la mano,
entre las delgadas líneas que separan el mar de la arena;
sonreíamos con gran paz,
empezamos a percibir que podíamos ser libres,
y entonces nos trasladamos al Oeste.
El Oeste es donde todos los días terminarán algún día;
donde los colores cambian de gris a oro,
y puedes estar con los amigos.
Y la luz descascarilla las nubes doradas:
el Oeste es Mike y Susie,
el Oeste es donde amo.
Ahí pasaremos los últimos días de nuestra vida...
contaremos las mismas historias de siempre: bueno, por lo menos lo intentamos.
Al Oeste, con la sonrisa en el rostro, iremos;
¡oh! sí, y nuestras disculpas a aquellos
que nunca conocerán el Camino...
Somos refugiados, dejando atrás la vida que conocimos y amamos...
nada que hacer ni decir, ningún sitio donde quedarnos; ahora estamos solos.
Somos refugiados, llevando todo lo que tenemos en sacos, atados con un cordel...
nada que pensar, no importa, pero seremos felices solos.
El Oeste es Mike y Susie;
el Oeste es Mike y Susie;
el Oeste es donde amo,
el Oeste es el hogar de los refugiados.
Peter Hammill






