
Llevo demasiado tiempo atrapada en esta cocina sin ventana exterior, en perfecta simbiosis. Diez pasos me separan de la terraza soleada, y diez sentimientos me atan a la pata de la silla, a cuál más caduco.
Es tiempo ya de desplegar las velas, recoger el ancla y partir hacia otras aguas más claras y tranquilas. Estoy agotada, por dentro. Anhelo mares en calma y paisajes sin artificios. Aspiro a poder sentir sólo el vuelo de un pájaro o el susurro del viento en las hojas de un árbol, invitando a mi mente a acallar ese ruido sordo de preguntas impenitentes.
El tiempo de preguntar ha pasado, como pasó el de poner mi vida en la vida de otro, o el de andar por caminos ajenos a mi ser. Ha llegado el tiempo de alzar el alma.
"Dije que el alma no es superior al cuerpo,
y dije que el cuerpo no es superior al alma,
y nada, ni Dios siquiera, es más grande
para uno que lo uno mismo es,
y quien camina una cuadra sin amar al prójimo
camina amortajado hacia su propio funeral,
y yo o tú podemos comprar la flor y nata
de la Tierra sin un céntimo, sin un céntimo
en el bolsillo,
y mirar con un sólo ojo o mostrar un grano
en su vaina, desconcierta las enseñanzas
de todos los tiempos,
y no hay oficio ni empleo en el que un joven
no pueda convertirse en héroe,
y el objeto más delicado puede servir
de eje al universo,
y digo a cualquier hombre o mujer:
que tu alma se alce tranquila y serena
ante un millón de universos."
Walt Whitman
(Foto sacada de internet, desconozco autor)









