10 de abril de 2012



Donde acaba mi cama
empieza un abismo.

Allá, en lo más hondo,
sé que están mis zapatillas.




8 comentarios:

Aquí me quedaré... dijo...

¿Sabes donde están las zapatillas casi siempre?

Debajo de la cama.

Un abrazo

pluvisca dijo...

Si, pero cuesta tanto llegar hsta ellas...es toda una azaña...

besos

Raticulina dijo...

Aquí, tu deducción es buena pero mi cama es un canapé :-P

Pluvisca, jaja, sí, lo es, casi como saltar al vacío...a ver a ver qué nos trae la vida hoy...

José Vte. dijo...

Ese despertar da un poco de vértigo. Espero que aquello que está hondo no sea demasiado profundo.

Un abrazo

Pakiba dijo...

Espero que no tengas que acacharte mucho para recogerlas.

Besos

Jurema dijo...

En verano no importa donde las dejemos...

Besos.

Fackel dijo...

Ese abismo tan reconfortante. Curiosamente, que un objeto exterior tenga que recordarnos lo limitados ¿o ilimitados en nuestros sueños? que somos no deja de tener su cosa. Unas zapatillas son parte de nuestra piel también.

(Este estilo surrealista que usas cada vez más es tan sugerente; se agradece, y en este sentido mi comentario del párrafo anterior sobraría)

emejota dijo...

Ay niña que cada vez me lo pones más complicado, sin embargo mi abismo vive en el interior, la cama no debería acabar nunca y las zapatillas me siempre me las roba Vega, es decir que me he de levantar descalza. Bsss.