5 de mayo de 2011

Identidad de la musa



y yo sigo mirándome a la cara sin saber quién soy
tus ojos no me posicionan
 tus labios no se pronuncian
lo desvelado aquieta el aire a nuestro alrededor




7 comentarios:

Fackel dijo...

Cuarteto para la calma. Con frecuencia la quietud se establece dentro de uno mismo de una manera inesperada e incluso misteriosa. Sin recibir señales externas, sin la urgencia de las respuestas. Los descubrimientos deben emerger discretos e intuitivos. Dentro del crisol de uno se forja la expectativa. Y con ella el crecimiento.

Aquí me quedaré... dijo...

Y sin embargo...

No le faltan encantos a este horroroso mundo
ni tampoco amaneceres
para los que merece la pena despertar.

W. Szymborska

Buenos días

Encarni dijo...

Y a mí que me parecen tristes estos cuatro versos, porque me habla de una ruptura o de algo que ya acabó, también me recuerda a ese pétalo que se cae de la flor.
Tu poema me sabe a tiempo de impasse.

Un abrazo.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Odio esa quietud tan conocida. Quietud sólo aparente, en el exterior. En el interior, todo es movimiento pesado, un río que prefiere no nombrarse.
Son rachas.
Sé quien eres, mis ojos te encuentran y mis labios te pronuncian. El resultado es belleza, la belleza que muy pocos alcanzan.

Aquí me quedaré... dijo...

¿ Tanto tiempo necesita la musa para la identidad? ejjj

emejota dijo...

Te echaba en falta Rat. Preciosos conceptos muy "masticables". Tu nueva cabecera también me place, bastante en linea con una que conozco medianamente bien. Beso.

felicitat dijo...

Y con todo y ese cuarteto... tu mirada a traves de tu cámara capta la perfercción. Preciosa foto Rati. Un beso