28 de enero de 2009

Un tiempo para alzar el alma


Llevo demasiado tiempo atrapada en esta cocina sin ventana exterior, en perfecta simbiosis. Diez pasos me separan de la terraza soleada, y diez sentimientos me atan a la pata de la silla, a cuál más caduco.

Es tiempo ya de desplegar las velas, recoger el ancla y partir hacia otras aguas más claras y tranquilas. Estoy agotada, por dentro. Anhelo mares en calma y paisajes sin artificios. Aspiro a poder sentir sólo el vuelo de un pájaro o el susurro del viento en las hojas de un árbol, invitando a mi mente a acallar ese ruido sordo de preguntas impenitentes.

El tiempo de preguntar ha pasado, como pasó el de poner mi vida en la vida de otro, o el de andar por caminos ajenos a mi ser. Ha llegado el tiempo de alzar el alma.


"Dije que el alma no es superior al cuerpo,
y dije que el cuerpo no es superior al alma,
y nada, ni Dios siquiera, es más grande
para uno que lo uno mismo es,
y quien camina una cuadra sin amar al prójimo
camina amortajado hacia su propio funeral,
y yo o tú podemos comprar la flor y nata
de la Tierra sin un céntimo, sin un céntimo
en el bolsillo,
y mirar con un sólo ojo o mostrar un grano
en su vaina, desconcierta las enseñanzas
de todos los tiempos,
y no hay oficio ni empleo en el que un joven
no pueda convertirse en héroe,
y el objeto más delicado puede servir
de eje al universo,
y digo a cualquier hombre o mujer:
que tu alma se alce tranquila y serena
ante un millón de universos."

Walt Whitman


(Foto sacada de internet, desconozco autor)

27 de enero de 2009

Yes, we can !

Título alternativo: Por sus neveras los conoceréis...
He estado a punto de sucumbir al fervor mediático y colgar una foto de Obama, silueteada, en mi nevera. Aparece con el brazo extendido y el índice apuntando hacia arriba. He cogido mi mejor rotulador y del dedo he hecho brotar su lema, que bien puede convertirse en la nueva corriente de auto ayuda de última generación: Yes, we can!. De hecho mi amiga y yo ya la practicamos desde hace días; si a una de nosotras se le baja el ánimo, la otra sólo tiene que soltar Yes, we can! , y nos regocijamos.
La fotofrigorífica en cuestión estaría flanqueada a su derecha por el menú escolar al cual en un acto de rendición subrayé con fosforito amarillo las palabras "verdura" y "ensalada", intentando de este modo aplacar mi conciencia cuando por la noche cocino pasta, patatas, huevo o carne.
A su izquierda, y algo descoloridas, se encontraría con dos fotos más: una de mi ex perrito de la infancia en la que parece una bola de algodón, y otra de mi amiga del alma y yo, sentadas en el suelo sonrientes, en el punto cero de nuestro país: en el centro del centro de la plaza Cataluña. La foto también tiene lema: Buscando nuestro centro...
Por último, obviando papeles varios e imanes variopintos, y presidiendo desde abajo, cerraría la exhibición simbólica un viejo póster de un tigre blanco de Bengala. Majestuoso y digno, hace honor a la frase que le estampé en el pecho: La fuerza de la fe.
Esta mañana, sin embargo, buscando haikus para empezar el día, me he tropezado con dos que me han salvado de cometer tal desatino. Uno ha merecido una entrada aparte en este blog y el otro, de Yaohiko, ha sido el elegido para sustituir la foto de Obama:
Una noche corta
Me despierta de un sueño
Que parecía largo

Un haiku para hoy

Canson Montval: Abedul



Que nada me pertenezca

Sólo la paz del corazón

Y el frescor del aire




Kobayashi Issa



23 de enero de 2009

Olvido


Gregory Colbert


Cierra los ojos y a oscuras piérdete
bajo el follaje rojo de tus párpados.
Húndete en esas espirales
del sonido que zumba y cae
y suena allá, remoto,
hacia el sitio del tímpano,
como una catarata ensordecida.
Hunde tu ser a oscuras,
anégate en tu piel,
y más, en tus entrañas;
que te deslumbre y ciegue
el hueso, lívida centella,
y entre simas y golfos de tiniebla
abra su azul penacho el fuego fatuo.
En esa sombra líquida del sueño
moja tu desnudez;
abandona tu forma, espuma
que no se sabe quién dejó en la orilla;
piérdete en tí, infinita,
en tu infinito ser,
mar que se pierde en otro mar:
olvídate y olvídame.

Octavio Paz

22 de enero de 2009

Ud. está aquí


¿En qué se diferencian un humano y un ratón? Dicen por ahí que en un 1% de su ADN; en el 99% restante somos iguales.
Pues mira por dónde hoy me siento hermanada y le insuflo emociones humanas al roedor de mi derecha que, linterna en pata, se reconoce de súbito en una existencia claustrofóbica y delirante (el careto de la serpiente tiene su guasa). Recreo en mí su impresión, su patética sorpresa, su ansia por imaginar una via de escape que lo aleje de los inminentes jugos ácidos. Lo imagino un segundo después, aferrado a su compañero ratonil, debatiéndose entre el pánico y el horror, preguntándose con insistencia aunque sepa que no es vital para su supervivencia, quién diantres puso el cartel y con qué intención...
Una viñeta agridulce para una vida con situaciones agridulces.

(dibujo sacado de internet, desconozco el autor)

14 de enero de 2009

Sylvia forever

Munch: Day after


El 11 de febrero se cumplen 46 años de la muerte de Sylvia Plath. Tenía 31 años cuando se suicidó.
Transcribo aquí uno de sus poemas, el que más me ha impactado. En él he hallado la pista de que el amor no es un estado alterado de la conciencia, sino un estadio de ella; y de que tal vez pueda vivirse en toda su grandeza si se consiguen identificar y sublimar los elementos desgarradores que hay en él.
El poema está sacado del libro "Poesía Completa" editado por Bartleby Ed. el año pasado, la primera edición bilingüe de toda su poesía editada en castellano.

Carta de Amor

No es fácil explicar este cambio tuyo.
Ahora estoy viva, sí, pero por entonces estaba muerta,
Aunque me mostrara indiferente como una piedra
Y siguiera allí clavada por pura rutina.
No conseguiste moverme ni un centímetro con el pie, no,
Ni me dejaste volver a fijar mis pequeños ojos sin párpados
En el cielo, aun sin tener la menor esperanza
De aprehender el azul o las estrellas, por supuesto.

Pero la cuestión era otra. Digamos que me dormí -una serpiente
Camuflada entre rocas negras, como una roca negra
En el hiato blanco del invierno-,
Igual que mis vecinos, sin hallar placer
En el millón de mejillas perfectamente cinceladas,
Que ardían a cada momento para fundir
Mi mejilla de basalto. Después se volvieron lágrimas,
Ángeles llorando sobre naturalezas apagadas,
Pero no me convencieron. Aquellas lágrimas se helaron.
Cada cabeza muerta tenía un yelmo de hielo.

Y seguí durmiendo, como un dedo doblado.
Lo primero que vi fue un aire diáfano,
Y las gotas encerradas elevándose en un rocío
Límpido como los espíritus. Había muchas piedras
Alrededor, yaciendo opacas e inexpresivas.
No sabía qué hacer con todo aquello.
Brillaba cubierta de escamas de mica y abierta
Para derramarme como un fluido
Entre las patas de los pájaros y los tallos de las plantas.
No conseguiste engañarme. Te reconocí enseguida.

El árbol y la piedra resplandecían, sin sombras.
Mis dedos se alargaron, translúcidos como el cristal.
Empecé a brotar como una rama en marzo:
Un brazo y una pierna, un brazo, una pierna.
Y así ascendí, de piedra a nube.
Ahora parezco una suerte de dios
Flotando en el aire, con mi ropaje de alma
Pura como una lámina de hielo. Y eso es un don.



Superando la dualidad concreto/abstracto




"En rigor, incluso dentro del modelo estándar de la física de partículas, éstas no son unas ridículas bolitas puntuales, sino algo todavía menos intuitivo, meramente relacionado con los cuantos de excitación de los campos. Quiere decirse que, en última instancia, la física no trata tanto con substancias como con relaciones. Sucede lo mismo en biología, donde una forma viva es un conjunto de relaciones, más que de partes. Lo que significa que, en términos generales, la realidad es antes abstracta y relacional que concreta y substancial. (Y, por consiguiente, mucho más poética de lo que se creía).... ¿Por qué la realidad habría de ser completamente inteligible?"
Prólogo de Salvador Pániker a El nuevo humanismo y las fronteras de la ciencia (Ed.Kairós)


¿Se acerca la nueva física a la metafísica? ¿Serán los futuros científicos humanistas, como los pioneros que presenta este libro, los nuevos abanderados de la mística? No creo ni que quieran ni que sea posible, sin embargo es esperanzador observar como la ciencia, y en concreto la física cuántica, en su afán por hacer inteligible lo que llamamos realidad, se sumerge cada vez más en el misterio de la interconexión entre todo. Y más esperanzador es ver como se empieza a trascender el lastre cartesiano que ha ahogado durante 400 años a la ciencia y a la sociedad occidental, restringiéndola en la dicotomía sujeto/objeto y limitándola con la creencia en la división cuerpo/mente.
Pues yo me alegro cuando los científicos, estudiando el átomo, se quedan pasmados al observar cómo los electrones se comunican entre sí: saltan instantáneamente de una órbita a otra -lo que se ha venido a llamar salto cuántico-, independientemente de lo alejados que estén uno del otro en el espacio, de una forma totalmente impredecible en cuanto a dónde y cuándo lo harán. A ese pasmo lo llaman Principio de Incertidumbre...

Todo lo cual me lleva a decir, como René Char: "Estamos advertidos: fuera de la poesía, entre nuestro pie y la piedra que pisa, entre nuestra mirada y el campo que recorre, el mundo es nulo."

O como Chesterton:
"Cuando los pedantes nos invitaron a observar
De qué fría mecánica los acontecimientos
Debían dimanar, nuestras almas dijeron en la sombra:
Tal vez sí, pero hay otras cosas..."

(Foto sacada de internet, evidentemente. Desconozco autor)

12 de enero de 2009

Juegos malabares


Oskar Kokoschka




"Tú lo que tienes es una depresión", comentaba mi amiga.
Desconcierto generalizado (en mi misma, pues ella lo tenía claro).
Soy capaz de levantarme, de ocuparme de otros casi concienzudamente (el casi lo incluyo por el perro, los niños están atendidos, queridísimos asistentes sociales), de vestirme (léase tejanos que andan solos y jersey negro de marca inespecífica), de comer (léase aquí pan bimbo aliñado con aceite), de conducir (ojito que ésto se me da bien), de limpiar mi casa (pse, comparto con mi tía octogenaria el ser más ordenada que limpia), de trabajar (cuando lo hacía, que me acuerdo bien), de pagar al día recibos e impuestos varios, y de dormir por la noche después de realizar todo lo anterior. O sea, estoy capacitada para la vida.
Pues será la vida doméstica, atino a dilucidar, porque tengo la acérrima sensación (que me viene de pequeñita) de que la Vida, en mayúscula como Maiestate que es, se me escapa de las manos.
Nada por aquí, nada por allí. Nada en las manos para mirar con adoración.

10 de enero de 2009

Que alguien encienda la luz!







Chagall: Adan y Eva expulsados del paraíso






Quisiera vivir
como una criatura del sol
y dejar de soñar
los cambios sutiles del alba.
Quisiera no ver
ángeles en las esquinas
entregados a la miseria
murmurando Vae Victis.
Quisiera olvidar
que no hay refugios
que consuelen de la muerte,
ni fuentes para lavarse la piel.
Podría hacerlo, sin esperar más,
sin dudar de qué hacer nunca,
porque hay vida en tu gesto
para parar el rodar del mundo.

9 de enero de 2009

He venido para prender fuego y quemar mis espinas (Rumí)


Creo que he empezado mi andadura por este blog de una forma muy dramática y dura. Voy a tener que contenerme un poco y tratar de tomarme las cosas con más ligereza. Si lo pienso, no sé por qué narices he decidido escribir cuando la experiencia de hacerlo se convierte casi en sufrimiento vital. Si alguien entiende de astrología sólo hará falta decirle que tengo a Mercurio en la casa 12 casi sin aspectar, y para los que no entienden ni quieren entender decirles que ésto se traduce en que la capacidad de comunicación está de algún modo oculta u obstruida. Me cuesta expresar lo que siento e intuyo, aunque la necesidad de hacerlo está siempre allí, enclaustrada. De hecho, siempre me ha costado hablar y durante mi adolescencia me paseé por los límites del mutismo. Y del nihilismo, y del anarquismo, y del existencialismo... pero ese es otro tema.
Debido a esta dificultad para poder comunicar, como compensación, he aprendido a escuchar, a gozar leyendo, a captar la sutileza de una imagen o de una poesía, a interpretar los signos diarios, a estudiar los símbolos, a darle valor a los sueños, y por encima de todo, a intuir.
Todo lo anterior no quita que desee y necesite expresarme, y por eso estoy aquí, intentándolo.

El siguiente fragmento es de "La moral del místico" de Maeterlinck y describe la impotencia que se siente al no poder reflejar fielmente lo que se quiere transmitir y ver cómo de forma inexplicable se queda la esencia por el camino:
"Apenas expresamos algo, lo empobrecemos singularmente. Creemos que nos hemos sumergido en las profundidades de los abismos y cuando tornamos a la superficie, la gota de agua que pende de la pálida punta de nuestros dedos ya no se parece al mar de que procede. Creemos que hemos descubierto en una gruta maravillosos tesoros y cuando volvemos a la luz del día, sólo traemos con nosotros piedras falsas y trozos de cristal; y sin embargo, en las tinieblas relumbra aún, inmutable, el tesoro."

 
(Imagen tomada de internet, desconozco autor)

Humores beckettianos

"¿No sabes adónde vamos?, dijo Camier.
¿Y qué puede importarnos, dijo Mercier, a dónde vayamos? Vamos, es suficiente.
No grites, dijo Camier.
Vamos por allí donde es posible ir con el mínimo de horror, dijo Mercier. Aprovechamos que la mierda es menos espesa en algunos lugares para introducirnos, vamos a parar a una callejuela extraordinaria, no tenemos más que hacer que seguirla hasta que muestre sus verdaderos colores, pero tú quieres saber a dónde demonios vamos."
 
 


Como el tal Camier, he pasado mis días intentando encontrarle un significado a la vida. Y como Mercier, he caminado por ella sin darle demasiada importancia.
Escindida entre ser y no ser. Disociada entre sentir y pensar. Creyéndolo todo y sin creer en nada.
Las circunstancias externas de mi vida me han marcado sólo en la medida que han provocado circunstancias internas en mí. Son éstas a las que otorgo valor pues las externas se diluyen en el tiempo, pero el cambio interno es lo que perdura. Y perdura hasta que cambias, y cambias cada día. Y si me miro un año atrás, no me reconozco. Entonces, ¿a qué viene aferrarse a uno mismo si eres tan intangible como el tiempo?
Quisiera hacer un alto en el camino y dejarme mecer por la brisa. Pero todo el mundo pide, ruega, reclama. Y yo sólo puedo ofrecer mi alma, cosida a pedazos, y un rostro atento pero marcado.