8 de abril de 2009

Remilgos



Y así fue como mi heroína se dispuso a encarar con ánimo resignado una estancia que le brindaba una opción de tranquilidad...

Los primeros días habían transcurrido casi con beatitud. Las conversaciones familiares carecían de sobrecarga emocional y las ocupaciones domésticas le reportaban unos beneficios tangibles que podía apreciar en su humor. Las ensoñaciones que la habían presidido con malestar en los últimos tiempos se tornaron esporádicas y poseían la virtud de truncarse suavemente con cualquier minucia : un leño que chisporroteaba en el fuego, el relincho de una yegua en la distancia o el verde de los pastos que se anunciaba tras las últimas lluvias.

No esperaba tal placidez, aunque nada la acompañaba en su paseo interior. Acordó con ella misma una tregua. Y con el resto del mundo una oportunidad.


(Foto: Raticulina)

2 comentarios:

cerriwden dijo...

A mí me gusta escuchar el mensaje del fuego.
Puedo estar horas alimentándolo, y escuchando sus alegrías y broncas.
Besos
Que la tregua desemboque en paz.

Raticulina dijo...

Cerriwden: Vuelvo, vuelvo, se acabó la tregua...Ayyy

Un beso