14 de enero de 2009

Sylvia forever

Munch: Day after


El 11 de febrero se cumplen 46 años de la muerte de Sylvia Plath. Tenía 31 años cuando se suicidó.
Transcribo aquí uno de sus poemas, el que más me ha impactado. En él he hallado la pista de que el amor no es un estado alterado de la conciencia, sino un estadio de ella; y de que tal vez pueda vivirse en toda su grandeza si se consiguen identificar y sublimar los elementos desgarradores que hay en él.
El poema está sacado del libro "Poesía Completa" editado por Bartleby Ed. el año pasado, la primera edición bilingüe de toda su poesía editada en castellano.

Carta de Amor

No es fácil explicar este cambio tuyo.
Ahora estoy viva, sí, pero por entonces estaba muerta,
Aunque me mostrara indiferente como una piedra
Y siguiera allí clavada por pura rutina.
No conseguiste moverme ni un centímetro con el pie, no,
Ni me dejaste volver a fijar mis pequeños ojos sin párpados
En el cielo, aun sin tener la menor esperanza
De aprehender el azul o las estrellas, por supuesto.

Pero la cuestión era otra. Digamos que me dormí -una serpiente
Camuflada entre rocas negras, como una roca negra
En el hiato blanco del invierno-,
Igual que mis vecinos, sin hallar placer
En el millón de mejillas perfectamente cinceladas,
Que ardían a cada momento para fundir
Mi mejilla de basalto. Después se volvieron lágrimas,
Ángeles llorando sobre naturalezas apagadas,
Pero no me convencieron. Aquellas lágrimas se helaron.
Cada cabeza muerta tenía un yelmo de hielo.

Y seguí durmiendo, como un dedo doblado.
Lo primero que vi fue un aire diáfano,
Y las gotas encerradas elevándose en un rocío
Límpido como los espíritus. Había muchas piedras
Alrededor, yaciendo opacas e inexpresivas.
No sabía qué hacer con todo aquello.
Brillaba cubierta de escamas de mica y abierta
Para derramarme como un fluido
Entre las patas de los pájaros y los tallos de las plantas.
No conseguiste engañarme. Te reconocí enseguida.

El árbol y la piedra resplandecían, sin sombras.
Mis dedos se alargaron, translúcidos como el cristal.
Empecé a brotar como una rama en marzo:
Un brazo y una pierna, un brazo, una pierna.
Y así ascendí, de piedra a nube.
Ahora parezco una suerte de dios
Flotando en el aire, con mi ropaje de alma
Pura como una lámina de hielo. Y eso es un don.



1 comentario:

El que corre con lobos dijo...

Hola; Feliz andadura por estos páramos Bloggistas, sea como sea lo que entiendas como felicidad, te deseo lo encuentres.
Te mando un apretón de manos.