12 de enero de 2009

Juegos malabares


Oskar Kokoschka




"Tú lo que tienes es una depresión", comentaba mi amiga.
Desconcierto generalizado (en mi misma, pues ella lo tenía claro).
Soy capaz de levantarme, de ocuparme de otros casi concienzudamente (el casi lo incluyo por el perro, los niños están atendidos, queridísimos asistentes sociales), de vestirme (léase tejanos que andan solos y jersey negro de marca inespecífica), de comer (léase aquí pan bimbo aliñado con aceite), de conducir (ojito que ésto se me da bien), de limpiar mi casa (pse, comparto con mi tía octogenaria el ser más ordenada que limpia), de trabajar (cuando lo hacía, que me acuerdo bien), de pagar al día recibos e impuestos varios, y de dormir por la noche después de realizar todo lo anterior. O sea, estoy capacitada para la vida.
Pues será la vida doméstica, atino a dilucidar, porque tengo la acérrima sensación (que me viene de pequeñita) de que la Vida, en mayúscula como Maiestate que es, se me escapa de las manos.
Nada por aquí, nada por allí. Nada en las manos para mirar con adoración.

No hay comentarios: