9 de enero de 2009

Humores beckettianos

"¿No sabes adónde vamos?, dijo Camier.
¿Y qué puede importarnos, dijo Mercier, a dónde vayamos? Vamos, es suficiente.
No grites, dijo Camier.
Vamos por allí donde es posible ir con el mínimo de horror, dijo Mercier. Aprovechamos que la mierda es menos espesa en algunos lugares para introducirnos, vamos a parar a una callejuela extraordinaria, no tenemos más que hacer que seguirla hasta que muestre sus verdaderos colores, pero tú quieres saber a dónde demonios vamos."
 
 


Como el tal Camier, he pasado mis días intentando encontrarle un significado a la vida. Y como Mercier, he caminado por ella sin darle demasiada importancia.
Escindida entre ser y no ser. Disociada entre sentir y pensar. Creyéndolo todo y sin creer en nada.
Las circunstancias externas de mi vida me han marcado sólo en la medida que han provocado circunstancias internas en mí. Son éstas a las que otorgo valor pues las externas se diluyen en el tiempo, pero el cambio interno es lo que perdura. Y perdura hasta que cambias, y cambias cada día. Y si me miro un año atrás, no me reconozco. Entonces, ¿a qué viene aferrarse a uno mismo si eres tan intangible como el tiempo?
Quisiera hacer un alto en el camino y dejarme mecer por la brisa. Pero todo el mundo pide, ruega, reclama. Y yo sólo puedo ofrecer mi alma, cosida a pedazos, y un rostro atento pero marcado.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Discrepo. No creo que hayas entrado en este blog de forma dramatica. Percibo que has iniciado tu andadura por el mundo de los blogers siendo, precisamente, tu misma. Y eso... no esta nada mal. Me parece el inicio de un camino necesario y el blog de alguien sensible e inteligente que se va aclarando en este mundo de residuos. Un saludo.

Isabel Martínez dijo...

Como tú, creo que los acontecimientos externos los recuerdo por la repercusión que han tenido en mi interior. Supongo que nos pasa a todos.

Raticulina dijo...

Isabel, qué bueno verte por aquí. Y qué lejos queda este primer post, pero de alguna manera hay que empezar...
Un abrazo